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SECTOR AGRARIO

Dirección General de Comunicación Social

 

CEREMONIA CONMEMORATIVA DEL CXXXI ANIVERSARIO DEL NATALICIO DEL GENERAL EMILIANO ZAPATA SALAZAR.

 

PALABRAS DEL LIC. ROCENDO GONZÁLEZ PATIÑO, REPRESENTANTE PRESIDENCIAL.

 

San Miguel Anenecuilco, Morelos, agosto 8 de 2010

 

Hace 131 años cuando doña Cleofás Salazar      dio a luz a Emiliano, esta tierra que pisamos era una tierra en manos de  pocos, que explotaban a campesinos pobres y desvalidos.

Emiliano tenía 9 años cuando fue testigo de un hecho que determinó el destino de su vida: vio a su padre llorar de impotencia al ser despojado de sus tierras por los caciques del pueblo.

En esos momentos, el niño Emiliano, lleno de coraje, exclamó: "Cuando yo sea grande haré que te las devuelvan".

Don Gabriel Zapata, papá de Emiliano, seguramente nunca imaginó que aquella prematura y entrañable afirmación de su hijo sería la columna vertebral de una lucha larga y comprometida para regresarle al padre labriego, a los campesinos de Morelos y de México, el derecho de propiedad sobre sus campos de labranza.

Hace poco más de ciento veinte años de este histórico episodio y en ese lapso, la infantil figura de Emiliano Zapata se fue robusteciendo hasta alcanzar  la estatura del más grande líder agrario, protector y defensor de los derechos del campesinado y ejemplo a seguir por todos nosotros.

A lo largo de su vida, la agenda de Emiliano Zapata estuvo obsesivamente marcada por un solo tema: la reivindicación de la tierra para quienes la trabajan.

Recordemos algunos hechos importantes de esa agenda agraria:

En 1906, Zapata participó en Cuautla en una junta en la que se planteó la necesidad de defender la tierra de los campesinos morelenses de la voracidad de los hacendados porfiristas.

El 12 de septiembre de 1909, Zapata fue elegido presidente de la junta de defensa de las tierras de Anenecuilco y ahí defendió el derecho del pueblo a la tierra, que significaba el derecho a la existencia misma de las comunidades campesinas.

Emiliano estaba dispuesto a luchar contra todo y contra todos contando solamente con la confianza y apoyo de su pueblo.

Al estallar la revolución, Zapata se incorporó a las fuerzas maderistas, atraído por las demandas agrarias del Plan de San Luis. Sólo que una vez que triunfó este movimiento, el reparto de la tierra no se llevó a cabo. Emiliano se negó a deponer las armas mientras no se hiciera efectivo el reparto de tierras.

En 1911, a partir de la proclamación del Plan de Ayala, ideario agrarista que contenía los ideales y anhelos de los campesinos,  los zapatistas liquidaron  latifundismos y repartieron la tierra; confiscaron ingenios y los pusieron a trabajar en beneficio de la población; fundaron un banco agrícola y abrieron numerosas escuelas primarias, incluso para adultos; y dieron impulso a la organización tradicional de los campesinos.

Zapata estaba cumpliendo la promesa hecha a su padre y con él a todos los campesinos mexicanos.

La circunstancia histórica del campo mexicano, la formación y principios aprendidos en familia,  y su compromiso con la población rural circundante, forjaron a Zapata como la cabeza de una verdadera generación del cambio.

Una generación de campesinos que dieron un vuelco a la tenencia de la tierra de entonces, vía la gesta de la revolución mexicana.

Porque, reiterémoslo una vez más, la causa fundamental de la revolución  fue de naturaleza agraria resumida en la injusta tenencia de la tierra por unos cuantos en perjuicio de la población rural explotada.

Zapata lucha para liquidar el latifundio.

Zapata combate el predominio caciquil.

Zapata lidera el reparto agrario con el Plan de Ayala, cuatro años antes de la primera ley en la materia expedida por Carranza.

Emiliano Zapata visualiza, desde el inicio del siglo 20, la transformación rural del país. Una transformación que si bien ha caminado con lentitud, casi cien años de tránsito, llega hoy a cumplir las aspiraciones del Caudillo del Sur.

Porque hoy, finalmente, en la primera década del siglo 21, la tierra es de quien la trabaja.

Cada ejidatario es propietario de su terruño, lo mismo que cada comunero.

Y nadie puede despojar de su tierra al campesino, como le ocurrió a Don Gabriel Zapata a manos del cacique local.

Hoy, el caciquismo está herido de muerte en los campos ejidales de México.

Para llegar a este punto, ha sido necesario superar dos etapas agrarias: la primera y más prolongada fue el reparto de tierra, casi 77 años repartiéndola, hasta 1992 en que fue rediseñada la propiedad social para darle más y mejores oportunidades de desarrollo.

La segunda etapa se ocupó de reordenar, medir y certificar cada ejido y cada comunidad, empleando para ello la tecnología satelital y un ejército de servidores públicos que ejecutaron el más completo y complejo trabajo de negociación entre grupos campesinos.

Actualmente, han sido ordenados y entregados los títulos de propiedad de más de 9.9 millones de ejidatarios dueños de más de la mitad del territorio nacional. Son más de 31 mil ejidos y comunidades que tienen seguridad jurídica plena, en posibilidad de hacer lo que les plazca con sus tierras.

En este sentido, Zapata podría asegurar que logró que le devolvieran la tierra a su padre, a su familia, y con ella a las familias campesinas a todo lo largo y lo ancho de nuestro país.

Zapata cumplió pero nos dejó un legado que va mucho más lejos.

Es un legado, un mandato que nos obliga a continuar la lucha zapatista.

Es necesario y oportuno preguntarnos: ¿Qué nos está exigiendo ahora, al despuntar el siglo 21, el campo nacional?

Es una pregunta importante, cuya respuesta debe tocar la conciencia de todos y cada uno de los mexicanos. En el contexto histórico que nos toca vivir, consideramos que el campo de nuestro país nos está exigiendo un nuevo compromiso, nos plantea un gran reto que empieza por el cambio de actitud.

El campo nos está urgiendo ejecutar sin más demoras,  una transformación  sustancial y dinámica para revitalizarlo y para  aprovechar, racionalmente, la oportunidad que ofrecen sus riquezas y bondades naturales.

El campo nos propone y nos urge que lo convirtamos en la plataforma firme de un México más seguro, más justo y mejor dotado para competir en la pelea global de las naciones.

Ejidatarios y comuneros nos están pidiendo que hagamos un magno esfuerzo común para convertir en empleos, en fuentes generadoras de recursos las tierras, utilizando para tal fin la vocación natural que cada una tiene.

El campo nos está exigiendo que capitalicemos bien sus recursos para construir el desarrollo del país. Es una exigencia histórica a todos y cada uno de los mexicanos; una exigencia que es resultado natural y lógico del largo proceso de reparto y ordenamiento de la tierra.

SEÑORAS Y SEÑORES: tenemos cien años esperando este momento.

Tenemos cien años forjando la estructura de una tierra organizada y productiva.

En esta nueva etapa, la tercera etapa agraria de México, sólo existe la firme decisión del gobierno federal de que el uso sustentable de la tierra social sea la plataforma del crecimiento y desarrollo de los mexicanos.

Estamos seguros de que en la vasta superficie rural que habitamos está la solución a las crisis que ahora padecemos.

Por ello, en nombre del presidente Felipe Calderón hacemos un llamado a los sectores sociales para que dirijan su mirada al medio rural.

Les pedimos que miren y revaloren los recursos, la riqueza que contiene nuestro territorio y que con orden, disciplina, inteligencia y entrega, transformemos el campo en la plataforma más sólida del crecimiento del país.

Es esta la misión ineludible de la generación del cambio que somos todos nosotros.

En conjunto con los organismos e instituciones agrarias, sociales, gremiales y gubernamentales vamos a capitalizar el nuevo tiempo agrario, el de la productividad,  para combatir la pobreza generando riqueza. y trabajando al lado de los campesinos.

Hemos empezado por modificar la visión del desarrollo rural. Estamos recatalogando las oportunidades que ofrecen ejido y comunidad para recibir la inversión privada.

Fomentamos un esquema de asociación del dueño del capital y el propietario de la tierra con el fin de dar paso a proyectos agropecuarios, turísticos, inmobiliarios, mineros y forestales.

En la Procuraduría Agraria, hemos concretado más de mil 200 nuevos proyectos que crean fuentes de ingreso y empleo para 50 mil campesinos propietarios de más de 283 mil hectáreas ejidales.

 Estamos hablando de dinero fresco, de inversiones privadas asociadas, sin que los campesinos pierdan la titularidad de sus terrenos, sin que pierdan su tierra, que sean socios en los proyectos que se desarrollen como ahora se está logrando.

Es otra la visión y otro el tiempo para la población rural, para los 25 millones de connacionales que la constituyen. Es otra visión y otro tiempo, sobre todo, para los jóvenes campesinos que ahora se ven obligados a emigrar por falta de oportunidades en el campo.

Esta es la hora y el mejor momento de conjuntar esfuerzos de toda índole para  formar una nueva generación del cambio que aproveche los grandes recursos de nuestras tierras y le dé a los campesinos y al país una gran seguridad y firmeza donde podamos vivir mejor.

Debemos, por lo tanto, hacer una causa común en el proceso de transformación del medio rural mexicano. Dejemos el lamento y la queja en el pasado. Por supuesto que sí se ha avanzado. Por supuesto que sí ha habido cambios importantes en el campo. Pero debemos seguir trabajando en coordinación y sacarle partido a la variada oferta de opciones que tiene la tierra social del país.

Con ello se da sentido y coherencia a las etapas del reparto y certificación agrarias. Con ello, México fortalece su desarrollo y su soberanía para intervenir equitativamente en el concierto internacional que nos ha tocado vivir.

Al grupo de mexicanos que formaron la generación zapatista del cambio y a quienes, a lo largo de una centuria, han luchado por hacer justicia en el campo, a estos grupos debemos recibirles la antorcha del compromiso agrario y conducirla hasta lograr que la población campesina, la familia ejidataria y comunal vivan con todo decoro y dignidad.

Como Emiliano Zapata lo hizo con su padre despojado, comprometamos nuestra palabra y acción para que, hombro con hombro, vivamos y disfrutemos de un campo mejor.