DISCURSO DEL PROCURADOR AGRARIO, ROCENDO GONZÁLEZ PATIÑO, EN LA CEREMONIA DE CLAUSURA DE LA SEGUNDA REUNIÓN NACIONAL DE JEFES DE RESIDENCIA, ENCABEZADA POR EL SECRETARIO DE LA REFORMA AGRARIA, AGR. ABELARDO ESCOBAR PRIETO.
México, D. F., a 29 de abril de 2010
Apreciados compañeros de trabajo: después de casi tres días de actividades, ustedes y nosotros nos hemos volcado en dialogar los temas sustantivos de la nueva Procuraduría Agraria.
Pero no solamente hemos revisado lo que atañe a nuestro trabajo. Hubo propuestas que vinculan la actividad laboral con el bagaje educativo y espiritual que cada uno de nosotros tenemos.
De esto último quiero dialogar ahora con ustedes.
Y es un tema sumamente importante porque nosotros, los seres humanos, nos movemos por lo que creemos. Me refiero a lo que interiormente nos impulsa, lo que nos hace ser de una o de otra manera; me refiero al motor interno de fe que nos conduce en la vida.
Ese motor interior se alimenta con ingredientes que libremente elegimos. Hagamos un ejercicio en este sentido:
Repasemos el decálogo, nuestro decálogo de servicio. Las primeras cinco propuestas son Servir con humanismo; Estamos para servir y no para ser servidos; Servir como ombudsman agrario; Servir por un campo más productivo; Servir con la ley en la mano.
Qué tanto creemos o no en cada uno de estos principios.
¿Existe un diálogo interno personal para grabar en la mente estas guías de conducta? Porque el diálogo reflexivo constituye el único sendero que nos lleva a transformar lo que hacemos en una convicción o creencia.
Sabemos que nuestra mente tiene un nivel de energía que podemos regular y con ello impulsar o frenar la propuesta de Servir con humanismo o la de Servir con la ley en la mano.
Sigamos con el ejercicio: quien de ustedes conoce los otros cinco principios de nuestro decálogo. Se trata de un simple acto de conciencia personal, de conocimiento.
Servir con honestidad a toda prueba
Servir con lealtad a la institución
Servir con entrega
Servir con disciplina
Servir con cortesía
Las palabras son lo de menos, lo que verdaderamente importa es si creemos en ellas.
Lo que importa es si estamos vinculando nuestro interior con las propuestas externas, si estamos casando, matrimoniando, lo de afuera con lo de adentro.
Si es así ¡enhorabuena! Porque nuestras responsabilidades y labores las cumpliremos al cien por ciento y más.
Si es así, estamos sirviendo a los campesinos, al desarrollo productivo del campo, a nuestros compañeros, a nuestra familia y, sobre todo, a nosotros mismos.
Si no hay enlace entre lo que creemos y hacemos, pues ¡qué lamentable! Porque perdemos nuestro tiempo, y con ello el espacio de vida que le estamos dedicando al trabajo haciéndolo mecánicamente.
¿Qué pretendo con todo esto?
Quiero exhortarlos para que adopten la fe, la confianza, la fidelidad, como ingredientes de su quehacer diario.
Quiero que se convenzan de que tenemos una oportunidad dorada para transformar, de verdad, las condiciones vulnerables de ejido y comunidad en escenarios de vida digna.
Quiero convencerlos de que formemos el mejor de los equipos guerreros para aniquilar pobreza y apatía rurales.
Como si fuera una justa mundial, vamos a demostrarnos que somos capaces de lograr la copa del campeonato agrario de México.
Muchas gracias.
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